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lunes, 8 de diciembre de 2014

Capítulo 26 - La aparición de Amaterasu

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Título del relato: Memorias de Indhalia
Libro: La Resistencia (1º Parte triología)
Parte 3: Sin Batalla no hay Gloria
Autor: Black Luffy (Iván Ledesma)


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Yuka se encontraba en un pequeño aprieto, viendo como Mimi y Diana perdían la vida delante de sus ojos y realizaba el ataque más fuerte que tenia sobre Yami sin lograr derrotarle. Ella estaba siendo derrotada por Yami mientras él poco a poco la torturaba hasta la muerte.




 Capítulo 26  – La aparición de Amaterasu
 
Me costaba respirar, las energías que me quedaban era para no perder el sentido y morir estrangulada por una fuerza invisible. Miraba como Yami disfrutaba sin apenas pelo y con la piel chamuscada, sus ojos eran estremecedores y provocaban pánico en mí, no sólo era la sensación de morirme. 

-Muere niña – Decía con frialdad, hasta que de repente, un resplandor tan intenso como mi anterior ataque nos cegó a todos. La fuerza que me oprimía el cuello se desvaneció y caí al suelo. Con las pocas fuerzas que me quedaban  levanté la mirada y vi como un rastro de luz golpeaba a Yami de tal manera que parecía desintegrarse. Eso fue el causante que cayese al suelo de rodillas con los ojos blancos, pero a los pocos segundos recuperó las pupilas y gritó - ¿Quién ha sido?

El resplandor que seguía en mitad del aire se desvaneció mostrando a una chica con una luz de aura muy radiante, iba vestida como si se tratase de un quimono de color morado, su pelo era negro como el azabache, tan largo que le llegaba al trasero y muy liso. Tenía consigo una katana enfundada, parecía una especie de diosa divina aparecida de la nada, enamoraba con su belleza.
-He sido yo, Amaterasu, diosa de luz y protectora de la sangre real divina – Me quedé de piedra, era una invocación, una diosa y me protegía, no me lo podía creer. Amaterasu se dio la vuelta mirándome y con la palma extendida generó fuerza en mí  recuperándome del todo y haciéndome más fuerte que antes. 

-No puede ser que una diosa proteja a esa inútil – Dijo Abdiel enfadadísimo, Lucifer le miró también con sorpresa, pero no con pavor, estaban muy seguros de sí mismos y ni un dios podría contra ellos.  – Yami  estúpido, tuviste que haberla matado en vez de jugar con ella, ahora veamos lo que haces contra las dos.

Los demás también parecían sorprendidos excepto Iván, del cual sonría al verme bien, Me giré y Amaterasu se colocó en mi espalda para darme  apoyo en el combate, me sentía invencible y Yami estaba totalmente acabado, aquel golpe que recibió de Amaterasu fue soberbio.
Yami se levantó y no se echó para atrás, empezó a hacer un conjuro de recuperación, pero gracias a la energía de mi diosa protectora, mi velocidad aumentó y pude golpearle en el estómago con una patada. Él salió despedido golpeándose contra los obstáculos que había a lo largo de 200 metros hasta que se frenó escupiendo sangre, ahí le esperaba yo para golpearle en la nuca con el mango de mi katana tan fuerte que pareció que su cuello se separaba de su cabeza. Se golpeó contra el suelo de boca para partir la tierra y enterrarse unos centímetros.

-Abdiel, a este paso Yami morirá – Le dijo Lucifer a Abdiel, este no quiso hacer caso pero a regañadientes se levantó y con la mano apuntó hacia mí  y con una bola de energía en ella, la lanzó a toda velocidad. Me enteré tarde de aquel ataque, pero Amaterasu partió en dos la bola con su katana dorada provocando que cada parte de la bola impactase lejos de allí provocando unas explosiones devastadoras. 

Amaterasu se dio la vuelta para ver a Yami que se levantaba más ensangrentado por la boca, le quedaba energía y lo único que quería era acabar esa pesadilla de una vez por todas.
-Amaterasu cura a Mimi y a Diana por favor, no pueden morir – Amaterasu aceptó, pero no pudo hacer nada, las dos habían muerto y no podía devolverles la vida por muy diosa que fuese.   Me enfadé muchísimo al ver que mis amigas habían perecido en aquella batalla, y pude ver como Yami iba hacia el cielo rápido para ponerse con los brazos cruzados. Allí con los brazos hizo una cruz para provocar su mejor ataque, su tenebrosa niebla eterna. 

-Basta de tonterías, vas a morir de una vez por todas –Su cuerpo se rodeó de oscuridad completamente hasta no ser visible, lo que provocó que todo empezase a temblar bajo mis pies. Aquella oscuridad se juntó en sus brazos en forma de cruz para aparecer alrededor de ellos unos rayos oscuros que parecían ser muy peligrosos. – ¡Tenebrosa niebla eteeeeernaaaa!

Un rayo con una fuerza descomunal fue enviado hacia mí, era tan fuerte que no pensé que pudiese crear esa energía después de estar tan malherido. Sólo podía contrarrestarla con un ataque o cubrirme, pero iba a ser muy peligroso cualquiera de las dos maneras. Pensé tarde porque se me echó encima el rayo, pero Amaterasu se puso delante para pararla con la katana, aquel golpe hizo que retrocediese unos metros hacia atrás arrastrándose por el suelo con sus pies, y yo cayese al suelo por la onda expansiva. Amaterasu le costaba retenerla, no creía que hubiese ataque en este mundo capaz de hacer daño a un dios, pero me equivocaba, el ataque de Yami llevaba tanta fuerza que podía haberme matado a Mimi, Diana y a mí de un solo golpe, ahora me sentía totalmente insegura a pesar de haber aumentado mi poder.

-Para ser una diosa parece que mi fuerza es descomunal jajaja, penoso – Decía Yami viendo como Amaterasu se echaba hacia atrás cada vez más. Viendo que Amaterasu no paraba de retroceder y lo único que hacía era aguantar, decidí ayudarla. Me puse otra vez en pose para realizar mi destello solar, pero Amaterasu logró con toda su fuerza rechazar el ataque para desequilibrar a Yami para su sorpresa y lo que hice yo a toda velocidad, fue desenvainar la katana para lanzarme contra él y cortarle a la mitad con el filo impregnado de luz.  

Pude ver un rastro de sangre en el aire detrás de mí y a Yami con cara de sorpresa cayéndose al suelo partido a la mitad. Para asombro de todos, Abdiel se levantó muy enfadado y me atacó por la espalda con otro rayo de energía. Fue directo hacia mí tan rápido que sólo pude ver una explosión delante de mí, provocada por el impacto de su rayo contra Amaterasu, la diosa sufrió daños considerables pero no perdió la energía que la hacía tan admirable. 

-Maldita diosa – Dijo Abdiel enfadado y volviéndose a sentar,  Amaterasu después de lanzarme un beso desapareció con un pequeño resplandor. Comprendí que no corría peligro y por ahora su ayuda no era necesaria.

Yami estaba tendido en el suelo sin vida, con el cuerpo partido a la mitad y con la cara de sorpresa que se le quedó en el instante de su muerte. Bajé hasta donde Mimi y Diana y no pude hacer nada más que agarrarlas, llevarlas junto a los demás  y taparlas con mantas que había tiradas allí, y todo eso entre lágrimas de impotencia.


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